6 de febrero de 2017

Riverdale adapta Archie para la generación que dejó de leerle


Cuando The CW anunció el estreno de Riverdale saltaron todas las alarmas. No porque no se hubiera adaptado a Archie antes, si no porque el trailer que mostró era un claro ejemplo de una tendencia demasiado extendida en el mundo de la reimaginación, el de buscar ser más "serio", "adulto" y "oscuro". Tres adjetivos que, desde luego, no se pueden aplicar al mundo de Archie. Un mundo blanco, casi idílico, que nace con la intención de servir como elemento de evasión ante la realidad de la posguerra americana y que quería ser reflejo de tiempos no se sabe si más felices, pero desde luego más sencillos.

Y en esa burbuja del mito americano se mantuvo la compañía durante más de seis décadas. Hasta el comienzo de su reformulación a principio de siglo el principal problema de Archie Comics era que, como el pueblo ficticio por el que pululan sus personajes, estaba anclada en una versión demasiado nostálgica de su historia. Con Life with Archie comenzó una etapa en el que inmovilismo narrativo se empezaba a dejar atrás a favor de arcos más amplios y, sobre todo, un mayor desarrollo de personajes que permitía ampliar los temas a tratar. Lo que comenzaría con dos historias paralelas en las que en cada una, por fin, Archie se decía por Betty o Veronica, acabaría terminando con el asesinato del más famoso pelirrojo mientras trataba salvar a Kevin Keller, primer personaje gay de la franquicia.

Este empujón creativo daría pie a una inercia que culminó con un relanzamiento total en 2015 por parte de Mark Waid y Fiona Staples y con Roberto Aguirre-Sacasa como jefe creativo. Un puesto que Sacasase ganó a pulso gracias a su trabajo en Afterlife with Archie, una inmersión total en el género de terror y la muestra de lo que junto a Greg Berlanti quiere hacer con Riverdale; abandonar el tono blanco e infantil y alimentarse de otros géneros para poder contar nuevas historias a nuevas audiencias que de otra forma nunca atraerían.

Las influencias de ésta Riverdale son muy claras y buscadas. Por una parte es un neo noir a medio camino entre Twin Peaks y Veronica Mars, con las que comparte la estructura del ¿quién lo hizo? y la importancia de la localización, el pueblo, como un elemento orgánico. Por otra parte quiere ser una evolución del serial adolescente moderno, del que The CW es bandera actualmente, con todo lo que ello implica. Sí, todo está mucho más sexualizado, pero también hay una búsqueda por hacer la historia y sus personajes más diversos (Veronica es ahora latina, Reggie asiático y Moose bisexual). Pero por encima de todo está su necesidad como producto derivado de mantenerse fiel en la esencia de unos personajes icónicos. Porque Archie no deja de ser el chaval bien intencionado al que a veces no le salen bien las cosas, aunque esas cosas ahora sean ser testigo casual de un misterioso asesinato.

Quizá de todo esto viene uno de sus principales problemas. La influencia de Archie ha sido capital en la cultura pop americana del siglo veinte y ahora quiere ser demasiadas cosas a la vez, casi como si quisiera aglutinar todos los picos del género que ayudó a apuntalar. Tiene la carencia de abusar de la referencia pop de Dawnson Crece, la intención de abrir el foco a los personajes adultos de The O.C. o, como ya hemos comentado, jugar con el misterio a lo Vampire Diaries o Pretty Little Liars. El resultado es una especie de monstruo de Frankenstein en el que muchas veces no se sabe dónde empieza el homenaje y dónde la parodia (¡si hasta tienen a Luke Perry como figura paterna!), aunque su estética camp y autoconsciente ayuda mucho a que todo ese juego referencial se equilibre.

Puede que haya decisiones de adaptación discutibles y tópicas incluso para una historia con roles tan arquetípicos (de ellas el rejuvenecimiento de la señorita Grundy y su affair con Archie se lleva la palma), pero Riverdale intenta modernizar el mito y ser hija de su tiempo más allá de mostrar a sus personajes usando móviles o hablando de James Franco. Y si el objetivo es acercar la franquicia a una nueva generación no se puede negar que el medio y las formas elegidas son las más adecuadas.