22 de julio de 2013

Comic Con 2013: el grano de la paja


Un año más en San Diego se ha celebrado la mayor reunión de fans y creadores del mundo, la Comic-Con. Un evento inabarcable tanto para los afortunados que acuden como para los que desde casa nos vemos bombardeados con fotos, vídeos, exclusivas y trailers. Así que cumpliendo con nuestro deber público vamos a intentar hacer un resumen de lo más granado que nos ha dejado la convención este año en cuanto a series se refiere. Preparen sus marcadores de favoritos porque ahí vamos.

Agents of S.H.I.E.L.D.

Panel | Charla en TVLineCharla de Joss Whedon en Nerd HQ

Joss Whedon es el rey de los geeks y desde hace unos años, el tipo que además dirigió Los Vengadores. Así que, como siempre que aparece detrás de un micro, ha levantado mucha expectación. Centrándonos en Agents of S.H.I.E.L.D. la noticia que se guardaron para la convención fue la aparición como personaje recurrente, y posiblemente secundario cuando acabe HIMYM, de Cobie Smulders en su papel de Maria Hill. Además unos cuantos críticos afortunados pudieron ver el primer episodio de la serie y la conclusión generalizada es que está bien sin ser ninguna maravilla pero que tiene mucho potencial. Básicamente lo que se lleva diciendo de cualquier primer episodio de una serie Whedon en los últimos quince años.

Community

Panel | Charla de Dan Harmon en TVLine | Charla de los actores en TVLine

Community lleva muchos meses generando mucho ruido no siempre relacionado con la serie en sí si no en sus problemas fuera de cámara. Pero en esta Comic-Con ha significado una vuelta a la normalidad, si es que hay algo de normalidad en Community, claro. Con Dan Harmon en plan conciliador y la mayoría de sus actores demostrando que, tal como intuimos, se lo pasan pipa juntos. Eso sí, sin Donald Glover por ningún lado tras anunciarse que solo estará durante cinco episodios de una quinta temporada que, si atendemos a cuestiones creativas, pinta cada vez más interesante.

21 de julio de 2013

Que The Big Bang Theory se lleve todos los premios.


Semana movidita para todos los que seguimos la actualidad televisiva americana. Estamos en pleno fin de semana de la Comic-Con de San Diego [1], ese inabarcable evento que cada año reúne a buena parte de la industria del cómic, televisión y cine. Pero también estamos en  la semana en la que las nominaciones a los Emmys, los premios de televisión con mayor repercusión mediática del planeta, han sido anunciados. A estas alturas estoy seguro de que ya conocerán cuáles son esas nominaciones, ¡no me hagan poner un enlace!, y que han dejado saber a todo el mundo vía demasiadas redes sociales lo injustas que son. En este blog no haremos tal cosa porque somos bastantes reacios a darle importancia a las entregas de premios. No me mal interpreten, a nivel de industria todas estas galas tienen una justificación de ser. Es necesario que cada año la gente que hace televisión se reúna para darse una palmadita en el hombro por el trabajo bien hecho para así mantener relajados los egos del personal. Y sí además lo hacen con toda la pompa posible para que nosotros, los fans, podamos pasar un par de horas viendo a nuestros ídolos televisivos sobrevivir a una gala que, con sus más o sus menos, siempre deja varios momentos estelares pues mejor que mejor.

Pero el problema, nuestro problema, es que se ha elevado a categoría de evento imprescindible algo que no debería pasar de ser una anécdota.  Es comprensible que cada cual tenga sus preferencias a la hora de elegir que le parece lo mejor de lo mejor y es también comprensible que uno elija hacer defensa de lo que cree es digno de ello. Pero con los Emmys, y digo Emmys porque es lo que toca, se acaba generando un nivel de ruido que no favorece para nada a la discusión real. Se le presupone una importancia a estos premios tal que el grado de enfado que generan hace tiempo que se nos fue de las manos. A estas alturas cabría recordar que la calidad de un producto audiovisual no la dictaminan unos premios y menos unos que se dedican a repartir estatuillas a costumbres y formas de hacer muy específicas. Pero como decía, algo se nos ha tenido que ir de las manos cuando una simple elección de preferencias lleva a la gente al enfado, la indignación y el insulto. Será por llamar la atención, será por la necesidad de realizarse a través de los gustos compartidos o será por el Guaraná, pero esta psicosis tiene que parar.

15 de julio de 2013

Orange is the New Black

Netflix se atreve con todo. Tras mojarse los pies en el drama político con House of Cards y resucitar una de las series de culto mas aclamadas por los fans; se atreve con la comedia negra naranja al más puro estilo Showtime. Y quién mejor para liderar este proyecto que una de las voces mas frescas y originales de la televisión. Por supuesto estoy hablando de Jenji Kohan, creadora de Weeds, una de las precursoras de la dramedia adulta (necesitamos una palabra mejor para este género) como la conocemos hoy.



En Black is the New Orange Kohan va a lo seguro, manteniendo el tono y en cierta medida el punto de partida de su primera serie [1]. Piper Chapman es una mujer blanca (ésto es importante) de clase media-alta con su vida solucionada al provenir de una familia adinerada, estar comprometida con su novio y tener su propia empresa de productos de pefumeria artesanales. La serie comienza con Piper entregándose a la policía para cumplir quince meses de prisión por haber transportado dinero de contrabando hace diez años para su ex-novia (sí, tuvo una fase lesbiana en la universidad). En tan solo unos minutos vemos como Jenji Kohan prepara todo para estar en su salsa y escribir sobre lo que mejor sabe: mujeres obligadas por las circunstancias a vivir fuera de su "zona de comodidad" rodeadas de criminales y gente mal de la cabeza. Si  Nancy Botwin era la versión Kohan de la "soccer mom" americana [2], con Piper Chapman moderniza el estereotipo de la clásica rubia tonta. Pero no una rubia tonta cualquiera, uno de los puntos fuertes del trabajo de Jenji Kohan es la profundidad y complexidad de sus personajes. Aquí, con la ayuda de la gran interpretación de Taylor Schilling, consigue transformar un estereotipo en un personaje reconocible e incluso familiar. Piper Chapman está llena de matices, su inocencia e ingenuidad son al mismo tiempo hilarantes, adorables y comprensibles. Sus reacciones a un mundo totalmente ajeno a su vida de "nice blonde lady" (sus palabras, no las mías) son el plato principal del humor de la serie y en todo momento es fácil reconocer de dónde vienen. Se nota que Kohan le tiene tomado el pulso a la generación que creció y convive con internet. Dejando pasar la exageración para la comedia, es fácil encontrar momentos en los uno se siente identificado con referencias culturales y comportamientos. Un claro ejemplo es cuando Piper, en su primera llamada desde la cárcel, le pide a su novio que no vea Mad Men hasta que salga en libertad.

12 de julio de 2013

United


El 5 de febrero de 1958 los Busby Babes, una generación de jóvenes futbolistas pertenecientes al Manchester United, empataron a tres en la vuelta de los cuartos de final de la Copa de Europa contra el Estrella Roja de Belgrado lo que, gracias al dos a uno de la ida en Old Traffor, les valió para ganarse una plaza en las semifinales de la competición contra otro clásico del fútbol europeo, el Milán italiano. Y hasta aquí, como los aficionados al balompié ya sabrán, las buenas noticias. Porque ocho de esos jugadores, al igual que otras quince víctimas de un total de cuarenta y cuatro pasajeros, nunca volverían a pisar suelo inglés perdiendo la vida cuando el avión que les iba a llevar a casa se estrelló en la pista del aeropuerto de Munich, donde el aeroplano de solo seis años de antigüedad había estacionado horas antes para realizar una programada parada para recargar combustible.

United es la película para televisión de BBC que narra la leyenda y tragedia de este equipo de muchachos reclutados y entrenados por Jimmy Murphy (David Tennant) bajo la tutela y mando del mítico manager del Mancherster United, Matt Busby (Dougray Scott). La película centra su tensión dramática alrededor de las figuras del propio Murphy, encargado de recomponer el equipo y que se salvó del accidente por estar ese mismo día entrenando a la selección de Gales, y de Bobby Chalton (Jack O'Conell) uno de los supervivientes y leyenda viva del club y del fútbol mundial.

9 de julio de 2013

Skins Fire


Desde su estreno en 2007 Skins (E4) se convirtió en el referente de la ficción adolescente moderna. Este drama sobre las vicisitudes de un grupo de jóvenes amigos y residentes en Bristol que exploraba las miserias del crecer a golpe de desenfreno y fatalidad fue creado por Bryan Elsley y Jamie Brittain, un hijo y un padre que durante seis temporadas siguieron explorando las alegrías y miserias de la adolescencia tomando una decisión que de primeras resultó arriesgada y que después se convirtió en uno de los aspectos característicos de la serie. Cada dos años se hacía borrón y cuenta nueva y se empezaba otra vez de cero con otra hornada de chavales que tenían sus propias historias que contar. Durante su emisión regular Skins apostó por ese inmovilismo narrativo. Una serie sobre adolescentes interpretada por adolescentes y que no estaba interesada en el crecimiento de estos más allá de su llegada a la edad adulta.

Esta decisión les costó empezar a dar vueltas innecesarias sobre unos mismos temas y tener que recurrir cada vez más a unos giros de guión que demostraban, sobre todo a partir de su quinta temporada, el agotamiento de la formula original. La sensación era que Skins ya había dicho todo lo que tenía que decir y mientras que no empezara a moverse por otros derroteros continuar con la serie sería redundar en un mensaje que ya estaba claro y en unas formas que ya habían sido adquiridas por un buen puñado de series que bebían de ella y que podríamos catalogar como la generación postSkins. En cierto modo, y dentro de sus géneros, series como Misfits, The Inbetweeners, The Fades o Fresh Meat le deben mucho al éxito de Skins y a su visión descarada de la adolescencia. Una visión descarada que era solo fachada, como su tono de comedia, su puesta en escena colorista y su movida banda sonora. Porque en el fondo Skins siempre fue una de las series más tristes y pesimistas que podías echarte a la cara. Al estar contando una etapa muy concreta de la vida de sus personajes siempre se las arreglaba para dejar claro su mensaje:  la vida es una sucesión de pequeñas batallas que vienen dadas desde cualquier sitio y que puedes ganar o perder pero, con dieciocho años, estás muy lejos de encontrarte con un final feliz porque  queda mucho camino por recorrer y este es solo el principio.